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La diferencia entre el que fracasa y el que triunfa, radica en la actitud que ambos asuman frente a la vida.

El triunfador cree en sus sueños y lucha incansablemente por conseguirlos; no se desalienta por ningún obstáculo, pues considera que por grande que parezca, tendrá la suficiente capacidad para vencerlo; aprende de los fracasos y busca los beneficios que de ellos se desprenden; es disciplinado y asume con responsabilidad lo que sea necesario para cumplir sus objetivos; es muy persistente pues confía que tarde o temprano logrará sus propósitos.

Si usted no corresponde a esta categoría pero quiere triunfar, simplemente cambie de actitud, sea positivo. Diariamente, de las gracias por lo que tiene en vez de quejarse por lo que no tiene; ame a las personas como son, valorando sus cualidades en vez de criticarlas por sus defectos; aproveche las oportunidades que la vida le ofrece, no las deje pasar, pues no siempre se repiten; no culpe a los demás por sus fracasos, mas bien busque los correctivos para no repetirlos; crea en usted y luche por sus ideales sin que lo afecte la opinión de los demás. Disfrute de las cosas sencillas de la vida, saque tiempo para hacer lo que le gusta y compártalo con sus seres queridos, recuerde que la vida es demasiado corta como para darse el lujo de no ser feliz.